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El sorprendente caso de Eva y su proyecto de no ser adulta

Eva viene a consulta a la edad de 30 años. Se encuentra en una situación desesperada y enormemente frustrante, toda su vida está bloqueada. Todo cuanto se propone no lo consigue nunca, no lo alcanza.

Su situación económica y profesional es nula. Es una mujer dependiente y sujeta a sobrevivir gracias a su madre. Su relación y actitud con el trabajo es muy llamativa. Este literalmente le rehuye: “cuanto más me acerco, cuanto más me esfuerzo, cuanto más energía pongo en buscar trabajo, pareciera que más se aleja de mi”.

A la edad de 30 años Eva no ha trabajado. Ha tratado de sacarse el carnet una docena de veces, todas ellas sin éxito.

Es una persona que no se realiza como adulta.

T – ¿Qué tal con tus padres? ¿Qué es de ellos en el momento de tu nacimiento?

Esta pregunta provoca en ella un cambio de expresión en su rostro, automáticamente frunce el ceño, y un largo silencio.

E – Mi madre es madre soltera. Con mi edad buscó un hombre sólo para quedarse embarazada, tener una hija y no quedarse sola. No quería hombres, quería una hija, una muñeca.

Eva como nombre está expresando una fuerte prohibición: la de ser mujer, adulta, madre… “ser algo, ser alguien”.

T – ¿Qué tienes prohibido en esta vida?

Eva expresa sorpresa a través de sus ojos.

T – ¿Qué no te atreves, no puedes o está prohibido conseguir?

E – (Con lágrimas y balbuceo). Ser autónoma, estar sola y ser fuerte yo sola…

 

Eva entendió que cargaba con un proyecto de ser siempre una niña, dependiente y que va en contra de ser mujer, de ser adulta, de no depender de su madre. Su bienestar se basa en no abandonar su estado de dependencia.

Era el proyecto de su madre para su hija, y ella manifestaba en su vida totalmente este sentido: ser la niña de su madre.

Su inconsciente estaba en esta lógica.