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La claustrofobia de Santiago y su rinitis. Un conflicto de narices.

Santiago es un informático de 27 años que viene a consulta a tratar de resolver su claustrofobia.

Durante la terapia y conversando sobre su historia familiar y emocional, Santiago no hace otra cosa que sonarse y tocarse la nariz. Me comenta que padece rinitis.

Esta es su historia y un breve resumen de lo que es cargar con memorias familiares.

– Terapeuta: Santiago, ¿Tienes claustrofobia desde siempre verdad?

– Santiago: Sí. Desde que era muy pequeño.

La claustrofobia es un conflicto estructurante, es decir, no se desencadena en alguna etapa de la vida de la persona, sino que es anterior…

– T: Tu claustrofobia está seguramente vinculada a tu estancia en el útero materno. ¿Sabes algo de este periodo?

– S: Soy adoptado.

– T: Por lo tanto, con bastante seguridad tu madre no te quería o quería abortar. Esto es tu claustrofobia. Llevas un programa de: “Tengo que salir de aquí”, “Estar aquí es peligroso”…

– S: Yo me he criado con mi madre biológica y también con mi madre adoptiva. Mi madre biológica era jornalera y residente en una finca-casa de campo y yo soy hijo del dueño del cortijo.

Fui criado por mi padre y su mujer, mi madre adoptiva. Mi madre lo aceptó, ya que esperaba una vida mejor para mí.

– T: Esto quiere decir que llevas un programa de infidelidad por Proyecto y Sentido muy fuerte. De aquí viene tu claustrofobia y es la base de tu rinitis. Tu madre no quería tenerte y no quería que nacieses porque se desvelaría su pecado, su infidelidad.

¿Desde cuándo tienes la rinitis?

– S: Desde los 20 años.

– T: ¿Cuál fue tu situación unos meses antes?

– S: Yo estudiaba en Granada y tenía novia desde los 17 años. Allí en Granada conocí a una chica con la que no llegué a nada, pero yo estaba totalmente abierto a ello.

– T: Lo que quiere decir que con tu novia estabas mal…

– S: Fatal. Mi novia, que seguía viviendo allí en Almería, tenía relaciones con otro chico el tiempo que no nos veíamos.

– T: ¿Cómo te sentiste?

– S: Realmente mal. Con muchísima rabia, capaz de cualquier cosa…

– T: Buscaste una mujer que reflejaba la infidelidad que llevabas por programas transgeneracionales y ella era la mejor opción para ello. El mismo programa que te mantiene vapuleado entre la fidelidad y la infidelidad.

– S: Después de dejar a aquella chica me apareció la rinitis. Incluso ahora que estoy felizmente casado la sigo teniendo.

– T: Porque inconscientemente sigues buscando a esa mujer que sea la mejor opción para ello y sigue latente la necesidad de encontrarla.

Tu mujer es muy muy fiel, verdad?

– S: …..  (Sin respuesta)

– T: Ella muy fiel, pero tú…..

¿Qué sabes de tus abuelos?

– S: Mi abuelo materno adoptivo era igualito que mi padre, infiel. Mi abuela materna adoptiva fue una mujer super sumisa y permisiva con mi abuelo, exactamente igual que mi madre adoptiva.

– T: Ellos, el claro ejemplo de infidelidad y ellas, todo lo contrario, ¿Es así?

– S: Sí.

– T: Viviste un periodo de grave amenaza para tu integridad y cuando este periodo acabó, te encontraste con otro marcado por la sexualidad ligada a la infidelidad. Por eso cuando sales de casa (útero) y vas a estudiar a Granada experimentas el conflicto de la sexualidad.

Tienes que hacer el duelo y romper con la historia de los hombres de tu familia. La historia sexual de tu abuelo y tu padre. Y por otro lado romper también con la historia de sumisión y resignación que te han transmitido las mujeres de tu familia. De esta manera cortarás con la memoria de sufrir infidelidad y de ser quien lo hace.

Tu rinitis sigue presente porque sigue presente esta lucha entre los polos opuestos pero complementarios de tu familia.

 

La nariz, que es el órgano sexual y simbólico por excelencia, desde un punto de vista biológico, estaba expresando en Santiago la necesidad de estar en contacto con la mujer ideal para lo que sexualmente pretendía. Unas serie de creencias inconscientes que le han transmitido.

No vivo mi vida, mis padres no me dejan

Vanessa es una mujer de 32 años que viene a consulta a tratar de resolver un conflicto muy presente en su vida: No soporta a sus padres, pero no puede estar sin ellos, sin acompañarles, sin verles…

V – “No consigo estar en mi vida, dedicarme a mi vida, ellos reclaman toda mi atención”.

Como se puede apreciar, no es una persona con síntoma, sino con un trastorno del comportamiento o conflicto psíquico.

V – “No puedo permanecer mucho tiempo junto a mis padres, es insoportable”. He trabajado el problema con muchas horas de terapia, pero mi problema continua”.

T – ¿Has mirado en contenido transgeneracional de tu historia alguna vez?

V – No.

Vanessa lleva a cuestas el drama de sus padres. Su madre se quedó huérfana de padre a la edad de 8 años y su padre quedó huérfano de padre a la edad de 11 años. Los padres de Vanessa están profundamente marcados por este drama y lo prolongan en su hija.

Como terapeuta le pido a Vanessa que imagine una situación en la que estén presentes en una misma habitación las cinco personas: Su padre y su abuelo paterno fallecido, su madre y su abuelo materno fallecido y la propia Vanessa.

No pasa mucho tiempo cuando Vanessa se percata y me transmite algo interesante: Sus abuelos dan la espalda a sus respectivos hijos mientras que estos, sus propios padres no le quitan ojo a Vanessa de una forma muy acentuada.

V – “Es como si mis padres no fueran reconocidos por sus papás y no quisieran saber nada de ellos, en cambio a mi me agobian”.

Lo que ahoga a Vanessa es esa demanda inconsciente en la que ella se siente obligada a hacer algo por ellos, pero a ella lo único que le apetece es rechazarlos. Siente por un lado el dolor del no reconocimiento que sus padres cuando eran niños no tuvieron y, por otro lado, el agobio que le supone estar tan pendiente de ellos.

Es un forcejeo continuo: “Me piden más, pero yo siempre quiero menos”.

Este momento es sumamente importante para Vanessa. Está presente ahora el conocimiento (consciente) y el reconocimiento (inconsciente) de que esta historia de rechazos y demanda suprema de atención es una historia que concierne a sus padres y a sus abuelos. Esta claridad con la que ve y siente Vanessa de que esto no le corresponde, es liberatoria.

V – “Tengo la sensación extraña de ser ahora más ligera…”

Desde este momento, lo que la paciente puede dar a sus padres va a partir de una neutralidad, una libertad y no desde una exigencia o agobio.

Vanessa cargaba con aquella información que estaba en el inconsciente familiar en el momento de su concepción.

El síntoma de los descendientes, o como en este caso, un conflicto psíquico, informa del resentir de los antepasados.